Rondas de intercambio: más allá de la palabra

Cortito y al píe…
                           
                                            “Rondas de cuentos con familias y niños/as”                                                                                  
                                                                                             por Paula Foray
                                                                  
A la ronda, redonda. En este nuevo año escolar volvamos a pensar en las rondas, ¿Son necesarias? ¿Para qué las usamos? ¿Qué se hace en las rondas? ¿Quiénes son los que allí hablan? ¿En la vida diaria hablamos en rondas?
La idea es pensar, reflexionar, con pocas certezas pero muchas dudas, con pocas respuestas, pero muchas preguntas. Escribimos sobre las rondas para que en este nuevo año lectivo hagamos rondas críticas, rondas que nos ayuden a pensar, a trasformar estos espacios de charla, que sean rondas en donde verdaderamente se hable, se píense en conjunto, se discuta y se llegue a un acuerdo grupal. Queremos rondas activas y ruidosas, en donde la idea de mirarnos a las caras no ayuden a pensar y trabajar en conjunto.
Estamos convencidas que las rondas no son culpables de convertirse en automáticas, aburridas, e innecesarias, creemos que son las propuestas que allí se realizan las responsables de que, en general, sean aburridas y rutinarias, vacías de sentidos, o mejor dicho llenas de sentidos que refieren al orden, al silencio, al respeto por la palabra del docente, etc pero sin problematizar en los conocimientos y las ideas que allí se construyen. Para repensar y reflexionar sobre estas debemos tener presente que las rondas son momentos de conversación, y por lo tanto, lejos están de poder ser ordenadas, porque los grupos grandes nunca hablan uno a la vez, y si no pensemos en una reunión o en una asamblea, en donde los bullicio son muy comunes.
Invitamos a pensar en rondas que sirvan para pensar en conjunto, que invite a opinar sin miedo de decir cosas correctas o incorrectas, rondas en donde las discusiones sean posibles, rondas que sirvan para poner en común trabajos o ideas realizadas en pequeños grupos, rondas en donde los niños/as tengan la palabra. 
Para esto debemos también pensar en cómo suplir las actividades que antes se realizaban en estas rondas, repensar en el sentido de trabajar con el nombre en grupo total, repensar en si es necesario que cada uno/a cuente que hizo en su casa, que comió o que le regalaron, si llueve o si hace calor. 
Pensemos entre todos/as para qué usamos las rondas, para qué nos sirve mirarnos al hablar, en qué momentos le damos la palabra a los niño/as, pensemos si a todos/as nos gusta hablar en voz alta delante de todos, re pensemos las rodas, hagamos rondas no sólo para hablar sino también para cantar, para bailar, para comer, re-signifiquemos las rondas y no permitamos que la rutina se quede con ellas. Hagamos rondas grandes, y rondas chiquitas, rondas de juegos y rondas de cantos, rondas de charla y rondas de escucha, no perdamos las rondas como momentos de encuentro. 

Los/las invitamos a compartir  sus ideas, sus maneras de armar rondas, y algunas de las propuestas que allí realicen. 
                  
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